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TURISMO | Escapadas

Con México en el corazón

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México tiene una riqueza turística inmensa (cortesía)
EL UNIVERSAL
domingo 10 de febrero de 2013  12:00 AM
Cuando el avión comienza a descender y aparece en la ventanilla la inmensa capital de México es cuando nos embarga ese sentimiento que solamente lograremos entender cuando conocemos tan hermoso país y su gente.

En noviembre del año pasado tuve la oportunidad de conocer no solo el Distrito Federal, que nos brinda esa unión entre lo histórico y lo urbano, sino otras ciudades y poblaciones del país azteca.

En el DF disfruté del Zócalo, el edificio de Correos, el Palacio de Bellas Artes y, sobre todo, la Basílica de la Guadalupe, las dos -la que igual que la capital se está hundiendo, y la nueva con toda la majestuosidad del modernismo-. Allí pude contemplar la mirada lánguida de la Guadalupana, que es enigmática y al mismo tiempo invita a congraciarse con Dios.

Me parece increíble que en plena capital mexicana aun emergen ruinas y pirámides ante la mirada del Castillo de Chapultepec, la plaza de la Reforma o los canales de Xochimilco. México es mucho más que mariachis y tequila. El Valle de Bravo nos muestra las Mariposas Monarcas, aquellas que viajan desde Canadá y pasan ante nuestros ojos llenándonos del rocío de sus alas.

Mepetec, Itxapa de la Sal, Acapulco con sus hermosas playas, Teotenango, el Museo Antropológico  y sobre todo Toluca, ciudad de ensueño donde se conjuga lo rural y lo urbano con el clima freso, su Volcán Nevado y su Cosmo Vitral, la hacen una de las ciudades más atrayentes y hermosas que visité. Por supuesto, en Toluca se puede disfrutar de lo mejor que tiene México: parte de su gente, a quienes llevaremos en el corazón, los Escutia, Molina, Estevez y Muñoz, todos con la sangre bien azteca, dignos representantes no solo de la cultura, sino de ese don de gente que tienen los mexicanos.

Cómo ir a México y no visitar Teotihuacán; la Pirámide del Sol y La Luna nos recuerdan lo pequeños que somos al lado de ese Imperio como fue el azteca. Cómo fueron construidas solamente lo saben ellos, los que se fueron, los que existieron hace siglos y nos dejaron que conociéramos sus obras e hiciéramos que México se llevara para siempre en el corazón. Fue un viaje maravilloso que le agradezco a Dios, a mi hijo Mauricio que lo hizo posible  y a mi hijo Néstor, inmejorable compañero de viaje.
    
María Luisa Muñoz de Araujo
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