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CARACAS, domingo 09 de diciembre, 2012 | Actualizado hace
 
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TURISMO | Escapadas

Sigüenza, para vivir el medioevo

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EL UNIVERSAL
domingo 9 de diciembre de 2012  12:00 AM
Enclavada en un valle al norte de Guadalajara, Castilla la Mancha, España, la primera visión que se tiene de la ciudad de Sigüenza es la de una miríada de casas que reposan sobre una de las laderas del Palacio Fortaleza Arzobispal: una visión casi irreal, como si el tiempo hubiera retrocedido miles de años, anulando el presente y transportándonos al Medioevo cuando el estamento de la sociedad se componía de señores, vasallos y villanos, estos últimos, los antiguos ocupantes de esas casas, antecedentes de la burguesía quienes con su trabajo y autonomía del señor feudal, dieron origen al concepto de clase social. La estructura de la ciudad atestigua el paso de los romanos para los que fue un centro de comunicaciones y es notorio el trazado medieval en la expresión religiosa de las iglesias que se ven en casi todas las estrechas calles.

Entre todas destaca la Catedral Basílica de estilo románico gótico construida en el siglo XII por orden del primer obispo de Sigüenza, Bernardo de Agen, monje guerrero que al vencer a los musulmanes  en 1124, se la dedicó a la reliquia de Santa Librada que él había llevado a la ciudad desde su país natal. Pero no menos bellas, son las iglesias de Santiago, erigida entre los siglos XII y XIII, la de San Vicente y  Santa María, de estilo románico, por citar solo unas. Aledaña a la catedral, se encuentra la Plaza Mayor construida en el siglo XVI, aunque en la Edad Media la plaza de la Cárcel -rodeada por el ayuntamiento y la Posada del Sol que aún se conservan- ostentaba ese honor. Almorzamos en el restaurante El Doncel, en el barrio barroco de San Roque, Paseo de la Alameda, una casona del siglo XVIII cuyos antiguos muros de piedra contrastan con el moderno mobiliario de cuero negro y el arte contemporáneo que adorna el resto de sus paredes.

Fue una experiencia gastronómica única en la que el aceite de oliva de la casa, las migas, el cordero, los chocolates trufados, las tejas y el vino revolucionaron nuestros sentidos al recordarnos en qué consiste el placer de comer. No podíamos irnos sin recorrer el castillo Fortaleza que se erige en lo alto de la ciudad: construido alrededor de 1125, hoy en día un Parador Nacional en cuyos salones y vitrinas se observan innumerables testimonios de  la historia de Sigüenza. Un día perfecto, un día que queremos repetir.

 Diana García Sucre
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