CARACAS, lunes 22 de junio, 2009 | Actualizado hace
Los diablos danzantes de Yare es un rito celebrado desde el siglo XVIII por los pueblos de la costa venezolana en honor al Santísimo Sacramento. Este ritual, símbolo del triunfo del bien sobre el mal, es de los más preparados y organizados del país.
Para encarnar esta batalla, los promeseros deben vestirse a imagen del temido Lucifer, con pantalones, medias y camisas rojas, capas, máscaras y alpargatas. Además, estos hombres se aseguran la protección contra las fuerzas del mal con el uso de cruces, rosarios, escapularios y amuletos.
Toda esta indumentaria es preparada con esmero. Especialmente las máscaras coloridas que en tiempos de la colonia servían para que los esclavos pasaran inadvertidos ante sus amos y que ahora, según el número de cachos, son referencia de la autoridad de diablo que la baila.
El líder de la cofradía es el diablo de cuatro cachos, el primer capataz; luego están los de tres cachos, segundo y tercer capataz y el arreador, que tiene el trabajo de mantenerlos a todos juntos detrás de la caja que simboliza el altar; el resto de los diablos sólo tienen dos cachos.
Estos diablos rojos danzan al ritmo del repique de los tambores por las calles del pueblo hasta llegar a las puertas del templo, donde los recibe el sacerdote. Este es el momento de la comunión de lo mágico con lo religioso, lo que hace único a este antiguo ritual, por la osadía que tuvieron los esclavos de presentarse ante las puertas de la iglesia y, además, conseguir ser aceptados y reconocidos con sus tambores y trajes coloridos, pero sobre todo por el gran respeto que profesaban al Santísimo Sacramento.
A las puertas de la iglesia, los demonios se doblegan ante la omnipotencia de Dios y dejan caer sus máscaras feroces. Esta festividad concluye con el repicar de las campanas, que anuncian el final de esta batalla que siempre será vencida por el bien.
Zhandra Cano, Especialista en danzas tradicionales
Con información de Sabina Rodríguez
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