ESTEBAN ROJAS
EL UNIVERSAL
Tienda de acampar. OK. Comida y agua. OK. Un buen libro.
OK. El Dominó y las cartas. OK. Parece una lista perfecta
para echarse una escapada a la montaña o a la playa a
pasar un fin de semana, pero la realidad es completamente
distinta: el destino es Pueblo Nuevo y el objetivo es una
entrada para ver a un Deportivo Táchira campeón.
La simple apertura de las taquillas del estadio aurinegro
para la venta de los boletos del compromiso que el Táchira
tiene el domingo frente al Aragua representó un verdadero
espec- táculo. El partido podría terminar con el
club dando la vuelta olímpica para celebrar junto a su
gente el título del Torneo Clausura y parece que ningún
aficionado que se respete en San Cristóbal desea perderse
el momento por el que tanto ha esperado. Las largas colas
anuncian un llenazo total en el recinto con capacidad de 38
mil espectadores. La fiebre, en fin, es pasión.
"Todo esto que estamos viviendo nos llena de orgullo y alegría,
un orgullo inmenso", declaró Carlos Maldonado, el técnico
del equipo aurinegro, sin esconder el especial sentimiento
que significa darle un premio a tantas personas. "La gente
se ve llena de esperanzas. Viene un partido que será
como una final para nosotros y se vive de una manera espectacular",
agregó.
Hubo quien durmió a las puertas del estadio para estar
de primero en la cola. ¡Qué importa si hace frío
en la noche! ¡Qué diablos importa aguantar el sol matutino!
Lo que en verdad importa es poder tener en las manos una entrada
que vale oro.
La historia de amor de la afición de San Cristóbal
con el Táchira es vieja, una historia que conoce bien
Maldonado desde los tiempos en los que era ídolo como
jugador a base de goles con la camiseta amarilla y negra,
pero lo que pasa actualmente ha superado todas las expectativas,
según el propio entrenador.
El Táchira rompe récords. Nunca un evento deportivo
en Venezuela, salvo la pasada Copa América, había
congregado en un estadio a 35 mil personas, el número
exacto puesto a la venta. Ningún parque de pelota tiene
esa capacidad. Ningún Caracas-Magallanes se ha jugado
ante tanta gente. Y el Táchira ya tiene cuatro fechas
consecutivas de llenos en Pueblo Nuevo. El campeonato del
Clausura está cerca, cada vez más cerca -un punto
es lo único que se necesita este domingo-, y toda la
parroquia aurinegra quiere verlo.
"Es algo hermoso", relata Maldonado. "Es algo que no tiene
nombre. Yo estuve en grandes equipos aquí con el Táchira
cuando era futbolista, pero esto es distinto, muy distinto.
Entonces nunca me hubiese imaginado verme en medio de algo
así. Son familias completas".
"Un amigo le celebró el cumpleaños el viernes pasado
a su hijo. ¡Imagínate mi sorpresa cuando vi que la mitad
de los regalos que le hacían tenía que ver con el
Táchira! Camisetas, balones, banderas... Uno no puede
sino estar orgulloso", concluyó.
esrojas@eluniversal.com